Ya hace 25 años que el psicólogo norteamericano Daniel Goleman puso en boca del público el término “inteligencia emocional” para referirse a la capacidad mayor o menor de las personas para reconocer, expresar y manejar nuestra amplia gama de emociones.
¿Cuáles son las emociones básicas?
Se habla de que todas las personas tenemos seis emociones básicas, es decir, independientes de la cultura en la que nos toque crecer, y que aparecen con nuestro desarrollo natural en la niñez. Nos referimos a la alegría, la tristeza, la sorpresa, el miedo, el asco y el enfado. Todas ellas desempeñan un papel muy importante en nuestro desarrollo individual y como especie.
¿Por qué es tan importante reconocer nuestras emociones?
Porque solo identificándolas correctamente estaremos en condiciones de actuar en consecuencia y de gestionarlas de manera adecuada. En general, tendemos a minimizar el papel de las emociones, pasando por alto su importancia crucial. Lo cierto es que mediante nuestras emociones obtenemos valiosa información acerca de nosotros mismos, y funcionan como guía para el bienestar y la felicidad.
Así como tradicionalmente se vinculaba a la inteligencia con una capacidad cognitiva, ya sabemos que aprender a regular nuestras emociones de manera saludable constituye una clave en nuestra vida interior, social, y también laboral.
El papel de la empatía
Parte de la inteligencia emocional de una persona consiste en saber reconocer las emociones de los otros alrededor, de “ponerse en sus zapatos”, de comprender por qué se sienten como se sienten aún cuando nosotros mismos podríamos sentirnos de otra manera dada una situación similar. La empatía es un atributo fundamental para poder trabajar con otros, para relacionarnos con respeto y para mejorar nuestras relaciones sociales.
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